De latir mi corazón se ha parado
Fea traducción de un título que en francés es perfecto: "De battre mon coeur s’est arrêté".
Es una de las mejores películas que he visto. Hay un ambiente sórdido, repugnante. Hay una relación padre-hijo malsana y manipuladora. Hay un tiempo añorado, seguramente más feliz, que aparece, brevemente, con unas clases de piano. Hay un hombre joven confrontado a lo que un día quiso ser y lo que la realidad le ha dado.
Una suerte de furor lleva a su protagonista (estupendo Romain Duris) a correr detrás de lo que ansía: dinero, amor, familia. Todo le escapa, o le adviene de manera equivocada. No se puede forzar el destino, pero hay que prepararle la vía parece decirnos el realizador.
La lucha interna del ser humano para elegir lo que verdaderamente desea ser es uno de los temas mayores. Y aquí, ello implica rupturas, sufrimiento, negaciones, concesiones. De algún modo es también una película de crecimiento. Una suerte de bildungsfilm maravilloso en el que todos tenemos una segunda chance.
La música o el arte en general como escape, o mejor aún, como redención, es el segundo gran tema.
La banda sonora es, se imagina, soberbia y rara: Télépopmusik y música clásica. Como el corazón del protagonista, latiendo a mil cuando rompe puertas y lanza ratas, y dejando de hacerlo al contacto de las teclas de un piano.
Mientras oigo "Moonlight shadow" le digo adiós a varias cosas.
Viajo en tu piel
Estas semanas he estado desconectada más por cuestiones de ánimo que por falta de tiempo. A veces uno tiene poco que decir.
Ahí va algo de la historia... Horus decide fecundar a una mujer en los siete días que le quedan en la tierra antes de morir. Encuentra el cuerpo del hombre que le parece apropiado, el artista subversivo Nikopol, y se lanza en búsqueda de Jill, una extraña mutante de cabellos azules.
Ayer fui al cine a ver esta película. El tema es interesante y la historia sin grandes pretensiones (cómo fue pintado el famoso cuadro de Vermeer). El entusiasmo por Lost in Translation me hizo volver a ver a Scalett Johansson que aquí actúa muy bien. Es una joven pobre que debe trabajar como empleada en casa de Vermeer en la Holanda de los años 1600. El contexto socio religioso está establecido claramente, Delft es una ciudad de comerciantes, la religión católica está en auge, sobre todo en las clases más ricas, pero el protestantismo persiste en las populares. El comportamiento de los personajes está marcado entonces por los tabúes y consideraciones morales de la época. Curiosamente, el cuadro del que trata la historia es, para ese momento, una imagen obscena.
Elegí esta película en medio de una pelea con D. en la fila del cine, así que no había ningún a priori. Escrita y dirigida por el hijo del famosísimo Pierre Bordieu me pareció más bien una suerte de ejercicio de estilo. En tres líneas, es la historia de un investigador que vive en París y que decide escribir un artículo sobre los solteros en su pueblo, para esto viaja a su lugar de orígen y encuentra a sus amigos de infancia. Una de las muchachas se enamora de él pero él está empeñado en reconciliarla con un antiguo amor. La historia es así de simple y no contaré el desenlace.
Cómo hablar del amor sin entrar en uno de los clásicos lugares comunes: caricias, besos, sábanas? Este difícil asunto ha sido maravillosamente resuelto por Sofia Coppola. La primera cosa que se me ocurrió apenas terminada la película, fue la idea del respeto. En Virgin suicides, esta cuestión era más evidente, algo más mecánica también, el respeto a la voluntad del ser humano, aún si éste es joven, el respeto de sus sentimientos, de sus impulsos, enfin. Pero creo que la cuestión ha alcanzado una dimensión mayor, por lo sutil y conmovedora, al tratar una vez más el tema del amor sin banalizarlo.